Togo: harina es todo lo que les queda

Mientras suben los precios de los alimentos y persiste la sequía en Togo, muchas familias se ven afectadas por el hambre. Los largos días sin alimento son causa de desesperación.

Togo: harina es todo lo que les queda


Yves, el hermano de Cherita, de 7 años, da vueltas por la casa, esperando que el movimiento le haga olvidar el rugido del estómago vacío.

Cansado de andar, mira a su madre preguntándole en silencio: «Mama, ¿es que hoy no comemos nada?».


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Mamá Ayawavi está sentada en un taburete de madera, buscando cobijo bajo la sombra de un árbol, pero su mente no está allí, no puede dejar de pensar en lo único que les queda de alimento: harina es todo lo que les queda de lo recibido del centro Compassion.

Hace meses que esta familia lucha contra la falta de alimento, desde que Boutamekpo, el padre, quedó discapacitado a causa de un derrame cerebral. Sin sus ingresos, resulta imposible seguir adelante.


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Así, todas las necesidades de la familia han recaído sobre la madre. Sus trabajos ocasionales no bastan para mantener a la familia.


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Un motivo de alegría

Cuando Cherita fue inscrito al centro Compassion, la familia notó inmediatamente una mejora considerable, sobre todo en lo que se refiere a la alimentación.


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«Cuando recibimos alimentos del centro, mis hijos se ponen contentos y bailan de alegría», dice Ayawavi.

La cesta mensual de alimentos del centro es la principal fuente de aprovisionamiento de la familia y siempre ha sido motivo de alegría para Cherita y sus hermanos después de días pasando hambre. Sin embargo, esa felicidad dura poco.


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«Antes de la crisis alimentaria, las reservas de comida pueden durar hasta tres semanas, pero ahora solo nos duran una semana», afirma Ayawavi.

El centro Compassion dispone de la misma cantidad de recursos. Por lo que el contenido del paquete se ha reducido casi a la mitad porque el precio de la comida se ha duplicado.

En el colegio, Cherita, ya se ha acostumbrado a ayunar: «Durante el recreo mis compañeros me preguntan por qué no como. Les digo que no tengo hambre para que no me hagan más preguntas».


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Para hacer frente a la falta de alimento, Ayawavi ha tenido que acostumbrar a sus hijos a comer una sola comida al día. Es lo máximo que les puede ofrecer los días que hay comida. Cherita y sus hermanos también han entendido que habrá días en los que no tendrán nada que comer.

«Hemos desarrollado este hábito en nuestra familia: si conseguimos comida, nos la comemos. Pero si no conseguimos nada, nos quedamos con hambre», explica Ayawavi.

¡Qué difícil es afrontar cada día sin saber si tendrán algo para comer!


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«¿Mamá?, ¿Es que hoy no vamos a comer nada?, ¿Qué vamos a hacer? ¿Dios no nos puede ayudar a encontrar algo para comer?», estas son algunas de las preguntas que Cherita y sus hermanos hacen a su madre.

Después de pasar tres días sin comer absolutamente nada, Ayawavi vio cómo sus hijos se desmayaban de hambre. Esta dolorosa imagen dejó a la madre impotente, desesperada por la vida de sus hijos.


El largo camino hacia la recuperación

Hoy, papá Boutamekpo se recupera lentamente de su enfermedad. Sigue sin poder andar, pero al menos puede mover las manos. Con ellas teje cestas que su mujer vende en el mercado. Pero, a pesar de sus esfuerzos, sus ingresos son escasos.


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La familia espera comprar una pequeña parcela de tierra para cultivarla; así, podrían tener algo de comida y no pasar tanta hambre. Para ello, piden a Dios que les provea de un terreno..

Mientras tanto, en su lucha por la supervivencia, Ayawavi y su familia agradecen el apoyo del centro Compassion. Gracias a esta ayuda, la comida y la tranquilidad están garantizadas al menos durante unos días.


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