Perú: un huerto plantado de esperanza

Cuando la abuela Filomena no sabía cómo alimentar a su nieta, el centro Compassion les dio la oportunidad de cultivar un huerto, ¡lleno de verduras frescas y esperanza!


Los días para Jheymi y la abuela Filomena empiezan al amanecer. Con los primeros rayos de sol, saben que es hora de levantarse.

Filomena ya está preparada con la azada. A pesar del cansancio, sonríe de oreja a oreja porque sus verduras están más verdes que nunca. Junto a su nieta, contempla el huerto con profunda gratitud: «Sabía que Dios proveería».


Perú: un huerto plantado de esperanza


Cuando Jheymi tenía sólo ocho meses, sus padres la abandonaron. Pero su abuela decidió cuidarla. A pesar de ser una anciana, trabajaba duro. Pero por desgracia, sus escasos ahorros no eran suficientes para ella y su nieta.

Gracias a Dios, con cuatro años Jheymi fue inscrita al programa de apadrinamiento de Compassion.


Perú: un huerto plantado de esperanza


Todo el pueblo valora mucho la labor del centro: los trabajadores y voluntarios de la iglesia colaboradora hacen todo lo posible por atender a los niños y sus familias.

También se han creado cursos de formación en el centro para que las familias aprendan diversos oficios, como artesanía, sastrería o agricultura, útiles para mejorar las condiciones de vida.


Perú: un huerto plantado de esperanza


Filomena está emocionada: «Nunca me he perdido una lección de jardinería. A pesar de mi edad, quiero aprender a cultivar mi propio huerto. Para mí es un estímulo y me da valor para seguir adelante».

La vida parece sonreír a Jheymi y Filomena: ahora tienen verduras frescas e incluso pueden vender lo que sobra en el mercado.


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«Estoy muy agradecida por toda la ayuda que he recibido de Compassion. Me enseñaron a hacer surcos para el riego, a colocar las plantas correctamente y a protegerlas», dice Filomena satisfecha.

«¡Nuestro huerto es fantástico! La gente viene todos los días a comprar verduras. A veces tenemos que decirles que vuelvan al cabo de unos días porque nos hemos quedado sin existencias para vender», dice Jheymi sonriendo


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Hace unos días, mientras ayudaba a su abuela en el huerto, recibió una buena noticia: «¡Mi madrina me ha escrito una carta! Llevamos mucho tiempo escribiéndonos y ahora le contaré todo sobre nuestro huerto», explica Jheymi.

Ella y su abuela tienen muchas esperanzas. Ahora pueden comer lechugas, cebolla, maíz, pepinos, remolacha, apio, huacatay, zanahorias, repollo, papaya y aguacate.


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Gracias al centro Compassion, Jheymi y Filomena recibieron abono, semillas y, sobre todo, la formación que necesitaban para cuidar su huerto. ¡Dios escuchó sus plegarias y les proveyó!

«A lo largo de los años, Compassion y mi madrina me han ayudado mucho, sobre todo en los momentos difíciles. Estoy muy agradecida por todo lo que hacen por nosotros», dice Jheymi.


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«Los voluntarios del centro Compassion son siempre amables y cariñosos con nosotras. Son gente estupenda, ¡y hasta vienen a comprar las verduras de nuestro huerto!», añade Filomena, antes de despedirse.


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