La nueva vida de un huérfano del genocidio de Ruanda

Huérfano como consecuencia del genocidio, Emmanuel encontró la esperanza en Jesús, perdonó a los asesinos de su familia y dirige un ministerio de ayuda a la infancia


Antes del genocidio contra los tutsis en Ruanda en 1994, existía un proverbio: «En este pueblo no hay huérfanos». En la cultura ruandesa, los vecinos acogen a los niños que han perdido a sus padres.

Tras el genocidio, un millón de tutsis fueron asesinados en solo cien días. Más de 95.000 niños quedaron huérfanos. Emmanuel fue uno de ellos. Sólo tenía cinco años cuando estalló la violencia.


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Junto con otros miles de personas, sus padres y hermanos buscaron refugio en una iglesia, pero fueron descubiertos. Su madre y su padre fueron asesinados.


En búsqueda de un escondite

Adoloridos y hambrientos, Emmanuel y su tía se escondieron en el bosque durante semanas: «No estaba nunca seguro de si iba a sobrevivir un día más».


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Cada día tenían que huir y los cadáveres que encontraban por el camino les recordaban que debían seguir escondiéndose y escapar, mientras su tío les llevaba algo de comida: «Hizo todo lo que pudo para ayudarnos a sobrevivir».

Tras semanas huyendo, fueron rescatados por soldados y Emmanuel pudo reunirse con sus hermanos, acogidos por un tío, junto con decenas de huérfanos más.

«Vivíamos en una casa con casi 40 niños. Mi tío hizo todo lo que pudo, pero era difícil encontrar comida para todos y ropa. En ese momento, Compassion abrió un centro y, gracias a Dios, me matricularon».


Como en casa

Emmanuel aún recuerda aquellos días: «El responsable del centro me saludó con cariño y fue un poco como volver a casa. Aún no entendía que Dios me estaba abriendo puertas».


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No tenía esperanza. A veces se sentaba lejos de los demás y lloraba, necesitado de amor.

«Necesitaba a alguien que orase conmigo. Después de perder a mi padre y a mi madre, era difícil encontrar a alguien que me dijera: te quiero, oro por ti y cuido de ti».


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Un hombre del otro lado del mundo ayudó a Emmanuel a desempeñar este papel: su padrino, David. Sus cartas y fotos fueron un salvavidas al que se agarró con ambas manos.

«Me escribía palabras muy bonitas, diciéndome que oraba por mí y que me quería. Era como una figura paterna para mí».


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En el centro Compassion, Emmanuel volvió a jugar, a cantar y a ser un niño. También empezó a ir a la iglesia. A los 12 años conoció el amor de Dios: «Cuando conocí a Jesús, limpió todas mis lágrimas. Me cambió por completo».


Cuando te reconcilias con Dios, puedes reconciliarte con los demás

Tras empezar a leer la Biblia donada por el centro Compassion, la fe de Emmanuel creció cada vez más. E, increíblemente, aprendió a perdonar a quienes habían matado a sus padres. Algunos eran antiguos vecinos.


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«Reconciliarme con Dios me ha ayudado a reconciliarme con los demás, incluidos los que mataron a mi familia y a otros parientes. Si no perdonas, llevas ese dolor dondequiera que vayas. Se convierte en un peso sobre tus hombros. Pero en el momento en que perdonas es cuando recibes la paz».

El perdón fue un viaje hacia la libertad: «Por supuesto, el perdón no llegó inmediatamente. Fue un proceso, pero ese proceso empezó cuando conocí a Jesús».


La vida de Emmanuel hoy

Gracias a la comida, los cuidados y el apoyo que recibió a través de Compassion, Emmanuel empezó a destacar en el colegio mientras el centro pagaba su educación.

«Estoy muy contento de haber tenido buenos padres, buenos profesores y buenas personas como apoyo. Por eso quiero devolver algo de lo que yo he recibido a los niños».


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Hoy, como colaborador de Compassion, ayuda a garantizar que los niños sean cuidados, amados y protegidos. Junto con otros antiguos alumnos, también fundó el Ministerio de Antiguos Alumnos de Compassion, con más de 10.000 miembros activos.

Emmanuel es el líder: «Nuestro principal objetivo es crear un movimiento de impacto para los niños que viven en situación de pobreza en Ruanda. Ayudamos a las iglesias locales a apoyar a jóvenes, dirigimos grupos de microcréditos y también ayudamos a los niños con Compassion».


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Cuando piensa en sí mismo como un niño aterrorizado escondido en el bosque, ve a Dios agazapado a su lado. Hoy, huérfanos como él son líderes en Ruanda, un país al que otras naciones miran ahora como inspiración para superar la tragedia.

«Recuerdo el legado de mi padre, un hombre que amaba a Jesús y mostraba su generosidad a todos los que conocía. Quiero seguir sus pasos, difundiendo la esperanza de Jesús a todos los que conozco».


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«Gracias a Compassion, pasé de la desolación a la esperanza. Jesús me transformó, para, a través de mí, transformar a otros».


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