Ecuador: el centro y la iglesia son mi hogar

Desde muy pequeña, Marjorie pasaba días enteros en la calle o cuidando a su hermanito de dos años. Su madre, drogadicta, los abandonó dejándolos solos mientras su padre trabajaba para poder alimentarlos. Pero la iglesia junto al centro Compassion los acogió dándoles una educación y una vida mejor con Jesús.

Ecuador: el centro y la iglesia son mi hogar


Cuando era niña, caminaba sola por las calles polvorientas para entretenerme. Tenía solo seis años y jugaba con palos de madera, plástico o plantas que crecían en el suelo árido y polvoriento. No me gustaba estar sola.

Podía pasarme horas bajo el intenso sol esperando a que mi madre viniera a buscarme. Muchas veces me quedaba dormida en la calle, esperando; a veces, ella venía a verme, pero la mayoría de las veces era mi padre quien llegaba a casa del trabajo por la noche y venía a buscarme.


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Cada día mi madre estaba menos presente en casa: a veces venía a dormir, pero muchas veces no, y aunque mi padre siempre se ocupaba de nosotros, tenía que trabajar para mantener la casa. Poco a poco, mi madre se fue alejando. Yo no entendía lo que pasaba.

Sin embargo, una mañana mi madre llegó a casa; me cogió de la mano, salimos de casa y caminamos con prisa por la calle. Una señora se acercó a mi madre y fuimos con ella a una iglesia donde nos dieron comida.


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Después de estar allí un rato, mi madre preguntó: «¿Puedo dejar a mi hija aquí una hora? Tengo que ir a hacer algo y volveré pronto». La esposa del pastor, con una sonrisa en la cara, dijo: «¡Por supuesto! Cuidaremos de Marjorie hasta que vuelvas».

Pasaron varias horas y oscureció, pero mi madre no volvió.

El pastor y su mujer parecían preocupados. Cuando se dieron cuenta que mi madre no volvería, el pastor y su mujer me llevaron a casa.

Aunque era demasiado joven para entender lo que estaba pasando, escuché hablar a mi padre y me di cuenta de que mi madre tenía un grave problema de drogadicción. Comprendí que mi madre sí me quería, pero su adicción la tenía cegada.


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A partir de entonces, mi padre empezó a llevarnos a mi hermano y a mí al centro Compassion, donde había muchos niños. Mientras mi padre trabajaba de albañil, mi hermano y yo pasábamos el día jugando y cantando.

Los días pasaron y se convirtieron en meses, y comencé a sentir que el centro se estaba convirtiendo en mi hogar.

Marjorie vuelve al colegio

Mi madre nunca volvió a casa. Decidió vivir en la calle, buscando dinero para seguir consumiendo drogas. La iglesia intentó ayudarla, pero no quiso. Crecí y me hice responsable de mi hermano. Lo cuidaba y lo llevaba a la escuela, pero yo no podía asistir al colegio.


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Pero un día que fui a una reunión de la iglesia, recibí la buena noticia de que el centro me daría una beca para una de las mejores escuelas de mi comunidad. ¡No me lo podía creer!


Por fin he encontrado mi lugar

Han pasado algunos años y, sinceramente, no necesito nada más. Tengo una vida plena. Voy a la escuela todos los días, y por las tardes soy voluntaria en el centro; me gusta cuidar a los niños que forman parte del programa de apadrinamiento de Compassion.


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Mis padrinos me envían cartas y fotos, y siempre oran por mí. Gracias a Dios, mi hermano Bolívar también ha sido apadrinado y viene conmigo al centro todos los días. Allí recibe comida, juega con sus amigos, y es feliz.

Aunque mi madre no está conmigo y sigue viviendo en la calle, he puesto su situación en manos de Dios. Estoy segura de que Jesús le mostrará el camino tarde o temprano, y mi madre volverá con nosotros. ¡Tengo mucha fe!


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Mi padre sigue trabajando a pesar de su avanzada edad, y yo continúo con mis estudios. No quiero presumir, pero ¡soy la mejor alumna de mi clase! Estoy profundamente agradecida a Dios por no abandonarme y mostrarme su luz a través de la iglesia.

El centro Compassion sigue siendo el lugar donde encuentro paz, amor, alegría y esperanza. Es donde supe que Dios existe, el lugar que nunca quiero abandonar, el lugar que se convirtió en mi hogar.


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Ora por:

  • Marjorie y su hermano: que puedan seguir estudiando y formándose para un futuro.
  • Su padre: que Dios renueve cada día sus fuerzas para poder seguir trabajando.
  • Su mamá: Que Dios toque su corazón y con ayuda pueda salir del mundo de la drogadicción.

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