Burkina Faso: Salvando a las trillizas

Silvie dio a luz a trillizas en circunstancias difíciles y su situación se hizo aún más crítica cuando su marido las abandonó. Silvie no podía llevar sola la carga de criar a sus hijas. Pero cuando estaba a punto de darse por vencida, visitó el centro Compassion de su iglesia local.

Burkina Faso: Salvando a las trillizas


La lucha de una madre soltera

Hace cinco años, Silvie, que contaba con recursos limitados, no pudo permitirse realizar todos sus chequeos prenatales. Pero sí pudo acudir a su última ecografía, y la futura madre y su marido no pudieron estar más emocionados al saber que esperaba gemelos: un niño y una niña.


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Sin embargo, Silvie se llevó una gran sorpresa cuando se puso de parto: «Después de dar a luz al primer bebé y al segundo, pensé que había terminado. Pero ¡había un tercero! No podía creer que fuera a dar a luz a trillizos. Me desmayé nada más nacer el tercero», cuenta Silvie. No sólo le sorprendió dar a luz tres bebés, sino que los tres eran niñas.

Silvie no estaba preparada ni emocional ni económicamente para cuidar de tres hijas, sobre todo cuando su marido se fue de su hogar. Por ignorancia o creencias culturales, algunos padres de Burkina Faso no aceptan a sus hijos, especialmente si son niñas. «Desde que nacieron Marita, Maryse y Marina, su padre no se preocupó de mí ni de las trillizas porque esperaba un niño», cuenta Silvie con voz temblorosa.


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Todo había cambiado para Silvie, que ya no podía trabajar como peluquera y cuidar de las trillizas. «Recorrí el pueblo pidiendo ayuda a familiares y vecinos, pero la mayoría de las veces me negaron la ayuda. Pensé que perdería a las trillizas durante sus tres primeros meses porque no podía pagar los gastos médicos, la comida, la leche, el agua, la electricidad y el alquiler. Honestamente, estuve varias veces a punto de rendirme incluso con intentos de suicidio», explica Silvie entre lágrimas.

Silvie había perdido la esperanza en el futuro y en sus hijas. Pero un día la madre de Silvie la animó a ir a la iglesia local donde madres e hijos reciben apoyo, ella se negó a ir durante unas tres semanas, pero al final decidió ir.


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Intervenimos justo a tiempo

«El pastor me pidió que viniera al día siguiente para conocer al personal del centro. Así fue como las trillizas fueron inscritas en el programa Mamá-niño», explica Silvie. Este programa existe para dar esperanza y una oportunidad de vivir a los bebés y a las madres.


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«Cuando fueron inscritos, los bebés pesaban menos de dos kilos cada uno, debido a una grave desnutrición unida a una serie de enfermedades. Silvie también estaba profundamente deprimida y con mucha ansiedad», cuenta Esther, la coordinadora.

Sin embargo, ese día marcó el comienzo de una transformación completa en su salud y en sus vidas. A partir del tercer mes, Marita, Maryse y Marina empezaron a recuperarse con su madre, y ahora tienen casi cinco años.


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«Se lo debo todo a Compassion porque me salvaron a mí y a las trillizas. Habría muerto sin el apoyo de la generosidad de la gente del centro, y no estoy segura de que las trillizas hubieran llegado a celebrar su quinto cumpleaños», cuenta Silvie.

«Conseguí fondos del centro que me permiten vender kits para bebés cerca del hospital local. Ahora puedo pagar el alquiler, las facturas de agua y electricidad, y comprar comida», dijo Silvie.


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El viaje de las trillizas

Silvie, antes desesperada y desesperanzada, tiene ahora confianza y esperanza en el futuro de sus hijas. El personal del centro, sus padrinos y Compassion caminarán a su lado durante los próximos años, hasta que se gradúen del programa.

A las tres niñas les espera un viaje lleno de alegría, aprendizaje y grandes sorpresas, y Silvie cree que Dios ha estado con ellas hasta ahora y lo hará siempre.


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Marita, Maryse y Marina nunca pasan desapercibidas en su comunidad porque se parecen y ¡se visten iguales! Aunque las trillizas siguen necesitando los abrazos y los cuidados de su padre, en el centro reciben cuidados y mucho amor y cariño.

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