Brasil: la pequeña intérprete de lengua de signos

Los padres de María son sordomudos, y ella, a sus seis años, es su voz y sus oídos. La ayuda del centro es crucial para María y sus padres.


Hoy he vuelto a casa del centro Compassion y me he parado a escuchar el canto de los pajaritos, ¡es mi sonido favorito! Ojalá pudiera capturar estos sonidos, meterlos en un tarro y dárselos a mis padres. Mis padres son sordomudos, no pueden oír ni hablar.

¡Hay tantas cosas que me gustaría que oyeran! Les cantaría mis canciones favoritas.


Brasil: la pequeña intérprete de lengua de signos


Mi madre, Erica, empezó a enseñarme la lengua de signos brasileña cuando tenía un año.

Soy la única persona que puede entenderlos, por eso, mis padres me necesitan allá donde van, porque soy la única que puede traducir lo que dicen a otras personas. Es cansado, pero me encanta ayudarles.

A veces hay gente que insulta a mis padres y eso no me gusta. Cuando insultan a mis padres, me pongo triste.


Brasil: la pequeña intérprete de lengua de signos


A veces, me gustaría no oír. Por la noche, cuando oigo a gente borracha peleándose en la calle, me asusto.

Les enseño muchas cosas a mis padres y a veces le enseño a mi madre a pronunciar ciertas palabras. Ella puede hacer algunos sonidos, pero no puede hablar. Nunca he oído la voz de mi padre. Me gustaría poder oírle, porque creo que su voz es profunda y tranquila. Me gustaría que dijera: "¡Vamos a comprar un helado!"


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Mi padre Kleber es mi persona favorita en el mundo. Me hace reír cuando baila. Aunque no pueda expresar con palabras que me quiere, lo hace. Cuando no estoy en la escuela o en el centro Compassion, estoy con mi padre porque él cuida de mí, mientras mi madre trabaja cuidando de mis primos.

No tenemos mucho dinero. Todo el dinero que tenemos está en nuestra hucha, que ahorramos para arreglar nuestra casa. Mi casa es fea y pobre, está llena de polvo y telarañas. Mi sueño es tener una casa rosa con ascensor.


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Quiero a mis padres tal como son, pero me gustaría que también pudieran hablar. A veces les pido que me compren palomitas o helado, pero dicen que no lo entienden.

Creo que, si mis padres pudieran hablar, la vida sería más fácil. Así podría ayudar a los sintecho de la calle y darles de comer junto con mis padres, sin tener que traducirles todo.

En el centro Compassion, los voluntarios no hablan el lenguaje de signos con mi madre, pero hacen lo que pueden y yo siempre estoy a su lado traduciendo. A mi madre le gustan mucho porque son amables y siempre ayudan a nuestra familia cuando lo necesitamos.


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Me encanta estar en el centro Compassion, con todos mis amigos. Aprendo muchas cosas y cuando mi madre no puede enseñarme algo, mis profesores siempre me ayudan.

Mi madre me enseñó a escribir palabras como mi nombre, pero no puede enseñarme a leer porque no sabe hacerlo. Así que confío en mis profesores del centro Compassion. Además, siempre me animan.


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Tengo muchos sueños. Ojalá pudiera hacer que mis padres oyeran mi voz, pero, aunque no sea posible, estoy orgullosa de ellos. ¡Son los mejores!

Por eso le pido a Dios que cuide de ellos cuando yo no esté a su lado.


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