Un padre que vive por sus hijos

Cuando la mujer de Damião le abandonó, se encontró solo con sus hijos. Gracias al apoyo de Compassion, está superando su dolor y ahora es un referente para sus hijos.

Un padre que vive por sus hijos


«¡Mi padre lo hace todo por mí! Por eso le quiero tanto. Un día le pedí que me comprara un helado e incluso sin tener mucho dinero se las arregló para comprármelo». Con estas palabras habla David de su padre, Damião.

Al oír las palabras de su hijo, caen disimuladas lágrimas de los ojos de Damião. En su cultura, los hombres no lloran. Pero en los últimos meses, llorar se ha convertido en parte de su día a día.

«Mi infancia fue difícil. Nunca aprendí a leer ni a escribir. De niño, no tenía tiempo para soñar. Mi preocupación era sobrevivir», dice Damião.


Un padre que vive por sus hijos


«Todos los días salgo de casa antes de que salga el sol y voy al campo. Allí planto judías, arroz y maíz. Luego intento venderlos en el mercado y, si sobra algo, me lo llevo a casa. Es un trabajo duro», explica.

Hace aproximadamente un año, Damião estaba en el campo cuando su mujer le dijo que se marchaba para siempre.


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«Preguntó a los niños dónde les gustaría vivir y dijeron que preferían quedarse conmigo. Después de despedirse, se fue. Ahora, cuando llego a casa y veo solo a mis hijos, me dan ganas de llorar. Pensaba que habíamos construido una familia que duraría para siempre».

«Estaba triste, pensé en quitarme la vida, pero lo que me hizo desistir fue saber que no podía abandonar a mis hijos», añade.


Un padre que vive por sus hijos


Luan, el hijo menor, está traumatizado por los cambios en la familia. Al principio, cuando su padre le acompañaba al centro Compassion, lloraba y le suplicaba que se quedara con él.

«Tengo miedo de que me dejes y no vuelvas nunca a por mí. Tengo miedo de que me abandones, como hizo mamá», repetía Luan a su padre.

Desde que el personal de Compassion se dio cuenta de la gravedad de la situación, dedican más tiempo a ayudarles. Y con su ayuda, Damião y sus hijos han aprendido a seguir adelante, a pesar del dolor.


Un padre que vive por sus hijos


«Los voluntarios siempre están con nosotros, vienen a vernos, nos preguntan cómo estamos, se preocupan por nosotros. Es bonito recibir sus consejos y su ayuda. Poco a poco se han ido acabando con mi idea de quitarme la vida», explica el padre.

Davi, el hijo mayor, cuida de su hermano. «Todos los días me levanto, barro la casa y preparo unas judías. Después, ayudo a mi hermano con los deberes e intento estudiar».

A pesar de su entusiasmo, Davi no puede arreglárselas solo: por eso los profesores de Compassion les visitan en casa para ayudarles.

«Los voluntarios del centro también nos donan comida. Aprecio mucho el cariño que nos tienen», añade Damião.


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A pesar de los retos, el amor que los hijos de Damião sienten por él demuestra lo buen padre que es.

«Mi mayor sueño es ver a mi padre feliz. Por eso siempre intento ayudarle. Cuando era niño y nací con un pie cavo, incluso me pedía dinero en la calle para comprarme una bota ortopédica», cuenta Davi.

Quizá Damião no sea el mejor cocinero y no tenga suficiente dinero para dar a sus hijos lo que necesitan, pero incluso en sus días más oscuros opta por amar y no rendirse.


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«Ser una familia es estar unidos. Nunca abandonaré a mis hijos. Pase lo que pase, estar con ellos me hace feliz».


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