Camboya abre sus puertas a Compassion: descubre la historia de Bopha y su familia, que sueñan con un futuro mejor gracias a la esperanza en Jesús.

Mientras los mosquitos intentan devorar sus piernecitas, Bopha, de dos años, se sienta alegre junto a su madre y sus hermanos para cenar anguila recién pescada. «Mi marido, Tola, cocina el mejor plato de anguila», dice Sokna.
Empieza a oscurecer mientras la familia come a la luz de unas viejas linternas que Tola utiliza para cazar saltamontes y grillos por la noche, ya que no hay electricidad en esta zona del país.

«Atrapo insectos, saltamontes, caracoles, grillos, ratones de campo, pero sobre todo peces y anguilas», cuenta Tola. «Después, mis vecinos y yo llevamos lo que hemos pescado a la frontera con Tailandia para venderlo. En los días buenos puedo ganar unos 4 dólares. A veces no consigo vender nada, así que me llevo a casa lo que he pescado para alimentar a mi familia».
Hoy ha traído a casa una anguila, la única captura del día, para prepararla para la cena de su familia.

Tola es padre de Bopha y de otros tres hijos: Leakna, Vanna y la pequeña Vanda. Bopha está inscrita en el programa de Compassion y forma parte de la iniciativa de desarrollo de la primera infancia de Compassion en una de nuestras iglesias colaboradoras.
«Compassion es muy nueva en nuestro país. Estamos agradecidos de que Compassion haya llegado a Camboya», explica Youlang, responsable de las colaboraciones en esta zona de Camboya.

Camboya es uno de los países más pobres del sudeste asiático. Según un informe de UNICEF, «alrededor del 17,8 % de los camboyanos vive por debajo del umbral de la pobreza. Los niños se encuentran especialmente en situación de riesgo».
Camboya es una nación relativamente joven, que ha atravesado una guerra devastadora y conflictos internos en la década de los noventa.

Uno de los amigos de Tola, Mab, cuya esposa también está inscrita en el programa Mamá-Niño, conserva un «recuerdo» imborrable de los conflictos. A Mab le falta la pierna derecha, que perdió al pisar una mina terrestre cuando solo tenía 12 años.
«Solo encontré la paz hace poco, cuando conocí al Señor Jesús tras empezar a asistir a la iglesia», dice Mab.

Al igual que Tola, Mab también caza insectos, pequeños animales y peces para venderlos en la frontera. Conoció a Jesús a través de la iglesia, incluso antes de que esta se asociara con Compassion. Cuenta que le conmovió la amabilidad del pastor Houn y decidió seguir a Cristo.
La pastora Houn es una firme defensora de los niños. Visita las zonas inundadas para ayudarlos, e incluso utiliza su propio dinero para rescatar a adolescentes que han sido enviados por sus padres a Tailandia para realizar trabajos forzados en las granjas.

«Muchos niños y adolescentes han llegado a tener fe en Jesucristo», afirma. Y ahora que su iglesia colabora con Compassion, añade: «Nuestro ministerio infantil se está expandiendo rápidamente, llegando a más niños y comunidades vulnerables que nunca, y ahora podemos acogerlos».
Tola y Mab tienen esperanzas en lo que sus hijos podrían llegar a ser en el futuro. Ni ellos ni sus esposas recibieron educación cuando eran pequeños debido a las guerras. Anhelan que sus hijos tengan oportunidades que ellos mismos nunca tuvieron.

Tola dice que está deseando ver a Bopha crecer, ir al colegio, entrar en la universidad y salir de la pobreza. Ahora, ese sueño es posible gracias a Compassion.
Esta noche, sin embargo, Bopha tiene que cenar a oscuras, con los mosquitos devorándole las piernecitas y sin su padre. Tola ya se ha ido a cazar grillos y saltamontes, o quizá una anguila, para alimentar a sus pequeños mañana.

Nace la misión en Camboya. Ayúdanos a llevar el amor de Jesús a los niños.